Soledad Suit (CNTV Chile): La protección de las infancias también se construye ofreciendo contenidos que desarrollen pensamiento crítico

Tras el Coloquio  sobre infancias y entornos digitales, organizado por PRAI, CNMC y la Fundación CIDENI, conversamos con Soledad Suit, directora del Departamento de Televisión Cultural y Educativa del Consejo Nacional de Televisión de Chile (CNTV), sobre el papel que pueden desempeñar los reguladores, más allá de la fiscalización. Desde la producción de contenidos hasta la participación directa de niños y niñas en los procesos creativos, Suit reflexiona sobre educación mediática, consumo audiovisual y los desafíos que plantea el ecosistema digital actual. 

Una de las experiencias del regulador de televisión chileno, da cuenta de cómo la protección de las infancias en entornos digitales puede abordarse desde una perspectiva complementaria a la regulación tradicional, incorporando educación mediática, producción de contenidos de calidad y mecanismos efectivos de participación de niños y niñas. Es, en términos prácticos, un enfoque que dialoga directamente con los desafíos identificados por los reguladores iberoamericanos en el mencionado Coloquio.  

En el reciente Coloquio organizado por PRAI surgió con fuerza la idea de que la protección de niños, niñas y adolescentes requiere una combinación entre regulación, educación y responsabilidad de las plataformas. Desde la experiencia de Televisión Cultural y Educativa del CNTV, ¿Cómo dialogan estas dimensiones?

Hablando del CNTV, hay que decir que ya cumple su función reguladora, a través de los mecanismos que establece la ley y del trabajo que desarrolla el área de fiscalización. Desde Televisión Cultural y Educativa operamos en un plano complementario y propositivo: buscamos aportar a la protección de las audiencias infantiles mediante contenidos culturales y educativos de acceso universal.

Nuestra programación llega a más de sesenta canales locales, regionales y comunitarios de Chile y procura fortalecer capacidades que hoy son fundamentales para desenvolverse en el entorno mediático. No hablamos directamente de alfabetización mediática e informacional, pero sí promovemos habilidades asociadas a ella: la importancia de contrastar fuentes, escuchar distintas opiniones, formular preguntas y comprender la diversidad de perspectivas. Lo hacemos a través de historias, personajes y situaciones cercanas a niñas y niños. Más que advertir sobre los riesgos, buscamos mostrar modelos positivos de convivencia, investigación, resolución de conflictos y construcción de conocimiento. Esa también es una forma de contribuir a una ciudadanía más crítica y reflexiva.

En un contexto donde los consumos audiovisuales infantiles se desarrollan cada vez más en plataformas digitales, ¿Cuáles son hoy los principales desafíos para producir y visibilizar contenidos culturales y educativos?

El primer desafío es comprender que las formas de consumo cambian constantemente. Las audiencias infantiles de hoy no se relacionan con los contenidos de la misma manera que hace diez años y esos cambios ocurren a una velocidad cada vez mayor. 

Por eso, una parte importante de nuestro trabajo consiste en observar hábitos, tendencias, intereses y formas de uso de los medios. Los niños y niñas construyen hoy sus referentes culturales en entornos digitales, consumen contenidos fragmentados y están acostumbrados a narrativas mucho más rápidas.

Nuestro desafío consiste en incorporar esos lenguajes, sin renunciar al propósito formativo de los contenidos. Actualmente, por ejemplo, estamos desarrollando una serie sobre la historia de Chile en la que utilizamos códigos narrativos cercanos a los influencers y creadores digitales que siguen los niños y niñas. No se trata de replicar las plataformas, sino de utilizar recursos contemporáneos para conectar contenidos significativos con las nuevas generaciones.

Muchas de estas decisiones requieren comprender de manera permanente cómo evolucionan las audiencias. ¿Qué rol deberían desempeñar los reguladores en materia de estudios, investigación y generación de conocimiento?

La investigación sigue siendo fundamental, pero también necesita adaptarse a los tiempos actuales. Los cambios en los hábitos de consumo son tan rápidos que los estudios deben ser capaces de entregar información más ágil y oportuna para la toma de decisiones.

Junto con los estudios tradicionales, creemos que es importante desarrollar mecanismos permanentes de escucha y diálogo con las propias audiencias. En nuestro caso, esa experiencia se materializa a través del Comité de la Niñez, una instancia estable de consulta integrada por niñas y niños que participan activamente en la revisión y evaluación de nuestros contenidos.

Ellos nos ayudan a comprender desde aspectos narrativos y estéticos, hasta cambios en el lenguaje, intereses emergentes y nuevas tendencias. Esa información resulta extremadamente valiosa para producir contenidos más pertinentes y cercanos a sus realidades.

El Comité de la Niñez se ha transformado en una experiencia destacada del CNTV. ¿Qué aprendizajes deja esta iniciativa?

El principal aprendizaje es que la participación mejora los contenidos, pero también genera respuestas ciudadanas para quienes participan.

Desde 2022, en que implementamos el Comité de la niñez, lo hicimos atendiendo a varias razones. Una, es que somos un programa que se dedica a la generación de contenidos audiovisuales, culturales y educativos para audiencias infantiles y, pese a que hemos recogido la opinión de ellos de manera sistemática, nunca tuvimos antes una instancia de diálogo más horizontal donde niñas y niños pudieran incidir en las decisiones de la elaboración de los contenidos y de la programación que les entregamos a las infancias. Esa fue la primera motivación: hacerlos partícipes en las decisiones. Y a eso unimos que sus aportes nos permiten a nosotros, crear y producir cosas que son más pertinentes a ellos. 

No se trata de un grupo focal aislado, sino de una instancia estable de participación y que nos ayuda a producir de una manera más conectada con sus lenguajes, intereses y formas de ver el mundo.

Una de las primeras experiencias que tuvimos fue muy reveladora. Estábamos trabajando en una serie de historia y les mostramos a los niños y niñas el escenario, los personajes y algunos elementos de la habitación de la protagonista, desde donde ella transmitía. Nos hicieron muchas observaciones: sobre la estética, los colores y hasta los objetos que aparecían. Nos dijeron, con claridad, que varias cosas no tenían nada que ver con su cotidianidad.

A partir de esas observaciones hicimos cambios concretos: modificamos el dormitorio, ajustamos elementos visuales, cambiamos el color de pelo y la polera del personaje. Es decir, sus opiniones tuvieron efectos reales en la producción.

Pero también hubo cosas que no pudimos incorporar. Por ejemplo, nos pidieron usar un fondo fucsia, y tuvimos que explicarles que técnicamente no era posible porque ese color “revienta” en pantalla. Eso también es parte del aprendizaje. La participación no significa que todas las decisiones se puedan ejecutar exactamente como se plantean, sino que las opiniones son escuchadas, consideradas y respondidas. Los niños y niñas aprenden que participar implica dialogar, argumentar, negociar y comprender los límites. 

Por eso, para nosotros el Comité cumple una doble función. Por una parte, mejora el desempeño institucional y nos permite hacer contenidos más coherentes con las audiencias a las que queremos llegar. Pero, al mismo tiempo, permite que las nuevas generaciones vayan aprendiendo desde pequeños, a participar en las decisiones de materias que les atañen y que también se formen en esa negociación permanente, que es la vida democrática y en comunidad.