La manera en que las personas se informan, se relacionan y participan en la vida pública ha cambiado profundamente durante la última década. Frente a fenómenos como la desinformación, la creciente influencia de las plataformas digitales y nuevas tecnologías, la alfabetización mediática e informacional se ha convertido en un tema estratégico para reguladores, educadores y organizaciones de la sociedad civil.
Una de las voces más reconocidas en este ámbito es la de Ignacio Aguaded, académico español y presidente de ALFAMED, la Red Interuniversitaria Euroamericana de Investigación sobre Competencias Mediáticas para la Ciudadanía, que reúne a más de 450 investigadores de 24 países dedicados al estudio de la educación y la alfabetización mediática.
Y aunque Aguaded asegura que “queda todo por hacer”, sus más de cuatro décadas de trayectoria académica reflejan una dedicación sostenida al estudio de la educación mediática y su impacto en la ciudadanía. Desde ALFAMED impulsa espacios de investigación, formación docente y colaboración internacional, con el propósito de fortalecer las capacidades críticas de la ciudadanía frente a los medios y las tecnologías digitales.
PRAI: Ignacio, ¿qué es Alfamed en la práctica y cómo te vinculas tú al trabajo de esta red?
Ignacio Aguaded: Bueno, soy el presidente de la red Alfamed, que es una red de investigadores de 24 países, en total unos 455 investigadores. Son académicos, profesores, que tienen como lazo en común investigar sobre educación mediática. En mi caso, desde mi primera vocación, tuve siempre un interés especial por el tema de los audiovisuales y en cómo los audiovisuales se pueden conectar con el mundo educativo para generar innovación, transformación de las clases tradicionales. Siempre tuve una preocupación por una educación crítica, progresista, alternativa, muy centrada en la actualidad y no tanto en el pasado. Y eso se fue transformando y hoy nos encontramos con un totem que es internet en sus múltiples manifestaciones y también, por primera vez, con una regresión en el mundo educativo hacia el uso de las tecnologías, de manera que incluso países que se consideraban avanzados, que ahora propugnan volver a la vertiente tradicional, al papel, al libro escrito y rechazar las tecnologías como elementos perversos que generan manipulación en las primeras edades y también incluso en la población adulta. Y ante esto yo considero, y es lo que hace ALFAMED es motivar a la investigación, a las políticas. Hay que hacer políticas serias basadas en evidencias, en lo empírico porque finalmente es la ciencia la que, hasta ahora, ha demostrado que el ser humano puede progresar.
La alfabetización mediática como una competencia ciudadana
PRAI: ¿Cómo ves el estado actual de la alfabetización mediática a nivel internacional?
Ignacio Aguaded: Siempre he sostenido que la competencia mediática no es una competencia escolar, sino una competencia ciudadana. No puede existir una democracia sólida sin ciudadanos críticos, y tampoco puede haber medios críticos sin ciudadanos críticos. La clave está en la ciudadanía, en ese polo que siempre ha sido desterrado, ignorado. Cuando preparamos a los ciudadanos para hacer un consumo crítico de los medios, tenemos medios críticos. Los medios responden, en gran medida, a las demandas de la propia sociedad: cuando la ciudadanía exige calidad, los medios ofrecen calidad; cuando permanece pasiva o desinformada, los medios también reflejan esa realidad.
Por eso, aunque la escuela es un instrumento fundamental para formar ciudadanos, la alfabetización mediática es una responsabilidad social que involucra a todas las edades y a todos los sectores. Los profesores tienen que ser formados en competencia mediática, porque muchos se formaron en contextos completamente distintos a los actuales. No olvidemos que estamos viviendo transformaciones extremadamente recientes. Las redes sociales, los teléfonos inteligentes y la inteligencia artificial han cambiado radicalmente nuestro entorno en apenas unos años.
Lo mismo ocurre con los organismos reguladores. Muchos surgieron en una época en que la televisión era el medio dominante. Hoy seguimos teniendo una televisión muy relevante, pero hoy día las redes sociales, internet con sus múltiples tentáculos a través del celular, son un medio mucho más asequible. El móvil tiene dos características muy potentes: la omnipresencia; está en todos los sitios y podemos utilizarlo en cualquier momento. Y por otro lado, la omnipotencia, es decir, su capacidad de penetración, porque en el celular tenemos todo, desde el cine, la televisión, la prensa, libros, etc.
Vivimos cambios vertiginosos. Los cambios se suceden, se acumulan uno detrás de otro, no generan pérdida de medios, sino reestructuración de ellos. Esto requiere adaptarnos para ofrecer respuestas sociales educativas y cívicas. Reguladores, universidades, investigadores y responsables políticos están llamados a desempeñar un papel importante en este proceso. La clase política, en general, tiende a ser ciega a estas cosas que ocurren en el mundo cívico, pero todos estamos interpelados.
Sin embargo, si me preguntas por el estado actual de la alfabetización mediática, diría que sigue siendo insuficiente. Por supuesto que hay muchas experiencias enriquecedoras. De hecho, el próximo Congreso en Mérida, donde van 400 investigadores de más de 20 países, con 167 comunicaciones distintas, con experiencias, reflexiones, propuestas e investigaciones de cómo podemos afrontar el reto de la educación mediática. Pero esto sigue siendo una anécdota, frente a la demanda social que existe en el mundo. Y de la que no somos ni siquiera conscientes, pues la gravedad no es que seamos ignorantes, sino que ni siquiera lo sabamos.
Frente al poder de las plataformas: David contra Goliat
PRAI: Cuando las plataformas digitales se han convertido en uno de los principales espacios de información y socialización, y las leyes parecen avanzar más lentamente que la tecnología, ¿qué capacidad real tenemos para enfrentar estos desafíos?
Ignacio Aguaded: No tenemos que ser ingenuos. Esto es una lucha de David contra Goliat. Las grandes plataformas y los grupos mediáticos internacionales responden siempre a gente muy poderosa. Cuentan con recursos económicos y capacidades de influencia que, en muchos casos, superan incluso los presupuestos de numerosos países.
Se trata de una lucha desigual, pero eso no significa que debamos renunciar. Lo primero es tomar conciencia de la magnitud del problema. Nos enfrentamos a un fenómeno global, complejo, cambiante y profundamente ligado a relaciones de poder de unos pocos queriendo manejar a unos muchos. Entonces, lo primero es la toma de conciencia de una situación compleja, pero también es verdad que los investigadores y también los consejos reguladores en aquellos países democráticos que no tienen una finalidad “perversa”, sino de servicio a la ciudadanía, podemos ser artífices de soluciones, quizá no globales, pero sí importantes, y que puedan sembrar esa semilla que poco a poco pueda germinar.
Porque, aunque el problema es complejo, la investigación lo tiene diagnosticado, por ahora, porque ya digo que esto es muy cambiante. Dentro de sus limitaciones, la academia es capaz de desarrollar alternativas para padres, para profesores, para agentes sociales, para políticos, para los niños y niñas, para los propios comunicadores.
Pero el trabajo de la academia tiene que ser difundido. Yo puedo llegar a unos resultados muy interesantes en un libro, pero no podemos dejarlo en una torre de marfil, retroalimentándonos nosotros mismos sin trascender.
Por eso la investigación tiene que conectarse cada vez más con los agentes sociales que puedan hacer cosas. Sean de base, como pueden ser familias, grupos parroquiales, escuelas, y transformar la sociedad. No son todos, pero es verdad que estamos creando el germen de una nueva sociedad. Pero también, de ser posible, con ministerios. Hicimos algo así hace dos años con una política de formación en República Dominicana, con 200 maestros que debían formar a otros maestros, llegando a una red de 2000 maestros instruidos en competencia mediática.
Los reguladores también han debido evolucionar junto con los cambios tecnológicos. Antes bastaba con regular los medios. Hoy resulta necesario, además, preparar a las audiencias para relacionarse críticamente con ellos. Ya no basta únicamente la regulación. También debemos fortalecer las capacidades de la ciudadanía.
No se trata de estar en contra de la tecnología. Ser tecnófobos sería un error. Lo que necesitamos es desarrollar una mirada tecnocrítica, es decir, la capacidad de posicionar la tecnología en nuestra vida en un sentido positivo de aquello que nos pueda favorecer, aprender, globalizarnos y relacionarnos con gente que antes era imposible.
Yo soy optimista. Pienso que podemos hacer muchas cosas y creo que cuando la ciudadanía “despierte”, vamos a exigir unos políticos más responsables, pero también unos medios más comprometidos con la sociedad.
Construir alianzas para el futuro
PRAI: Hablaste de conexión con todos los actores sociales. Pero en un mundo tan cambiante y cuando las leyes llegan tarde frente a las nuevas tecnologías. ¿cómo deberían establecerse estas alianzas para que veamos fruto? ¿qué recomendarías tú, por ejemplo, a lo reguladores?
Ignacio Aguaded: Si tuviera que definir esta sociedad, yo diría dos cosas: que es la sociedad de las pantallas y la sociedad del vértigo, de la falta de equilibrio, del cambio constante. Una sociedad catarata, donde nunca hay nada sólido, la sociedad líquida de la que hablaba Bauman. Por eso es tan difícil pensar, porque cuando lo piensas ya tienes que repensar. No hay valores estables, no hay bastiones donde agarrarte y esto todo lo complica. Pero sobre esto hay que trabajar, porque esta es la sociedad que nos ha tocado. Se dice que las sociedades antiguas avanzaban muy poquito. Ahora en un año se avanzó un siglo.
Entonces, efectivamente la alianza es una estrategia necesaria, porque no hay otra opción para afrontarlo. Los académicos nos tenemos que unir, por supuesto, a los reguladores, pero también a los medios. Yo esta mañana he participado de una reunión con el grupo mediático más importante de España, A3media Televisión, que tiene muchos canales de televisión, de radio, producción cinematográfica, y hemos conseguido que este grupo mediático tenga una fundación dedicada exclusivamente a la educación mediática. Ojalá esto ocurriera en muchos países, que un grupo privado, que no tiene ninguna obligación, se plantee que no podemos tener una ciudadanía adormecida, y que la educación mediática es una estrategia fundamental.
De tal manera que tenemos que trabajar con profesores, familias, padres, madres, agentes sociales, políticos. Creo que tenemos que avanzar por ahí.
Es verdad que las propias alianzas en una sociedad como esta de desinformación son dificultosas. Es difícil convencer a los políticos que la educación mediática es algo que es sustantivo, que aprender a consumir medios no es una opción, es una obligación para cualquier ciudadano que quiera ser responsable y consciente de la sociedad que vive.
Ver iniciativas importantes, por ejemplo, en el Parlamento Europeo o la Comisión Europea, o la propia UNESCO, que empiezan a desarrollar planes, es esperanzador. Yo estoy más convencido de que la solución va a venir desde las bases que desde las élites.
Encender la bombilla
PRAI: Más allá del intercambio académico que se produce en cada encuentro, ¿qué esperas del próximo Congreso ALFAMED y del trabajo que se desarrolla a través de la red?
Ignacio Aguaded: Los congresos permiten compartir experiencias, generar nuevas colaboraciones y construir proyectos conjuntos. La investigación suele ser una actividad bastante solitaria y estos espacios ayudan a crear comunidad y fortalecer redes de trabajo.
Pero también es verdad que este tipo de iniciativas congrega no sólo a investigadores, sino también agentes políticos, rectores, medios de comunicación, reguladores. Por ahí esas alianzas se fortalecen, en la toma de conciencia.
Siempre digo que el objetivo de estos congresos es, más que nada, crear esa cultura latinoamericana de investigación tan necesaria y que los países nórdicos tienen muy desarrollada. En Latinoamérica podemos vivir de espaldas unos a otros. Tenemos la bombilla, pero no la tenemos encendida. Hay que encender la bombilla. Y eso refleja muy bien el momento actual. Sabemos lo que hay que hacer, pero no lo hacemos. Como el Quijote, vemos los grandes molinos, pero no sabemos cómo atacarlos. Tenemos que generar estrategias, dinámicas, planes formativos, capacitaciones, talleres, campañas, alianzas. Fundamentalmente con los medios, porque no son nuestros enemigos; tienen que ser nuestros aliados.




